La mala gestión de las bajas pone a España a la cabeza del absentismo por incapacidad temporal en Europa

El debate sobre el ‘absentismo’ vinculado a los procesos de incapacidad temporal no es simple, ni a la hora de definirlo ni a la hora de entender sus causas. Los datos nos dicen que, desde la pandemia, las bajas por enfermedad se han disparado en España con una intensidad inédita en la Unión Europea. Sin embargo, la idea de que se debe a la ‘picaresca’ de los trabajadores, como apuntan incluso algunos dirigentes patronales que hablan de ‘bajaciones‘ (procesos que se inician sospechosamente abarcando viernes o lunes o encadenando puentes), tampoco responde a la realidad de esos mismos datos. El comportamiento de la incapacidad temporal de nuestro país no solo desafía a toda la lógica, sino que sitúa a nuestro país a la cabeza del problema en toda la Unión Europea. Y apuntan a un claro culpable: un sistema de gestión de los procesos saturado e ineficiente.

Según los últimos datos de Eurostat, España es el décimo país de la Unión Europea en tasa de ‘absentismo total’, es decir, ausencias de trabajadores por diversos motivos y contando las vacaciones, con un 12,3%. Algo que contradice muchos titulares que aseguran que nos sitúa a la cabeza, si bien la clave es que somos los segundos, tras Eslovenia (y el tercero de toda Europa si contamos a Noruega), con la mayor incidencia de faltas al trabajo provocada por procesos de incapacidad temporal, según un reciente estudio elaborado por el Observatorio de la Pyme de la patronal catalana Pimec, que apunta a la gran paradoja del fenómeno: ¿cómo es posible que el país con el mayor número de parados registre la segunda mayor incidencia de bajas por enfermedad?

La doctrina económica habitual señala que cuanto más bajo es el desempleo, más alta es la incidencia de lo que Pimec denomina “absentismo por incapacidad temporal”. Es una tendencia clara en la mayoría de los países europeos, con extremos como Noruega y Eslovenia, frente a Grecia. Incluso en países como Italia, Francia o Portugal, con un sólido sistema de protección social y garantías laborales que pueden hacer que los trabajadores no tengan ‘miedo’ a cogerse una baja por enfermedad, la tasa de absentismo es menor en relación con la de paro que la española, que se sitúa en la peor posición de la comparativa.

El informe de Pimec resalta que España es “una excepción en Europa”, ya que a pesar de tener las tasas de paro más altas, “las bajas por IT tienen un peso mucho más elevado de lo que se esperaría de regiones con altos niveles de paro, lo que podría indicar una peor gestión de las bajas laborales”.

En este sentido, recalca que durante los “periodos normales de ciclos económicos positivos” las bajas por incapacidad temporal muestran una tendencia a aumentar, mientras que durante las recesiones disminuyen. Esta tendencia se interrumpió durante la pandemia de la Covid-19, cuando subieron las bajas y el desempleo, pero se ha restablecido la tendencia. Pero esta ‘normalización’ se produce en un país con una de las tasas de paro más altas de Europa. Incluso Finlandia, que acaba de superarnos en ese indicador de desempleo, queda muy por detrás en términos de bajas.

Además, se produce un recorte en la duración de los procesos. “En 2024, más del 75% de los casos no superan los 15 días de baja”. Es decir, si los procesos suben es que hay más personas de baja. Este hecho se explica, en parte, por una subida de la afiliación media, que ha aumentado en un 30,8% entre 2013 y 2024, pero el estudio señala que el número total de bajas ha crecido a un ritmo muy superior, “un 170,8% en los últimos once años”.

Otro factor que puede estar contribuyendo al incremento de las bajas por incapacidad temporal es el envejecimiento de la población, si bien la incidencia entre los trabajadores jóvenes también aumenta: “aunque la población más envejecida está más días de baja, la población más joven es la que inicia un mayor número de procesos de baja por IT”.

Sin embargo, la clave está en la “capacidad del sistema de salud para prestar atención a las personas que se encuentran afectadas por patologías que echan a perder su capacidad de trabajar”. Esto incluye la “demora en la realización de pruebas diagnósticas y médicas”, determinadas comprobaciones ambulatorias, o incluso algunos tratamientos impactan en la prolongación de la duración de las bajas, así como en la recuperación de las personas, “y se acaba convirtiendo en un problema tanto social como económico”.

De hecho, el informe destaca que a pesar de tener una de las más altas incidencias del absentismo por IT, el gasto en sanidad de España es del 6,7% sobre PIB, una cifra que se sitúa en la media europea “pero lejos de países como Alemania, Francia o Suecia, que superan el 9,5%”.

Acotar el absentismo

Y es que el absentismo, para las empresas, no es un problema de vacaciones, libranzas o permisos por maternidad y paternidad o cuidado de dependientes, por citar otras causas de ausencias. Tampoco de ausencias verdaderamente injustificadas, cuyo peso es irrelevante en las estadísticas y en la factura de las empresas. En rigor, estos serían los únicos casos en los que cabe hablar de absentismo en castellano: abstención deliberada de acudir al lugar donde se cumple una obligación.

Pero la OIT define absentismo (absenteeism) como el hecho de que un trabajador no acuda al trabajo cuando está previsto, excluyendo las ausencias autorizadas, como vacaciones o huelgas, lo cual deja en un cierto ‘limbo’ analítico las bajas por enfermedad, que siempre están justifiadas por un facultativo, aunque son inesperadas para la empresa. Esto da pie a Pimec a hablar de absentismo por incapacidad temporal.

Las propuestas de Pimec para afrontar el problema pasan por diversos frentes. El primero es aprovechar los recursos médicos y asistenciales de las mutuas para gestionar también las contingencias comunes, no solo las profesionales, implementando “protocolos de derivación” entre el sistema sanitario público y las mutuas. Esto incluye permitir que las mutuas gestionen altas y bajas, “con capacidad de denegar prestaciones en ciertos casos, garantizando mecanismos de revisión”.

Sistemas de altas voluntarias

Asimismo, plantea “mejorar la gobernanza de las mutuas” y preservar su carácter público-privado aumentando la “participación de agentes sociales” en las Juntas Directivas y mantener las Comisiones de Control y Seguimiento, preservar la Reserva de Estabilización y garantizar la transparencia y eficiencia en la gestión.

Por otro lado, para optimizar la gestión de la incapacidad temporal, la patronal catalana aboga por incrementar la inversión en atención primaria y “desburocratizar los procesos administrativos”. Asimismo, plantea “implementar sistemas de alta voluntaria, alta parcial y reincorporación progresiva al trabajo“, como en otros países europeos.

Para mejorar el control de las bajas propone incrementar los recursos para inspección médica y actualizar los tiempos óptimos de duración de las bajas, así como un esfuerzo en digitalización que permita reforzar la interoperabilidad entre sistemas sanitarios y mutuas.

Por último, también aboga por recomendaciones para las propias empresas: promover hábitos saludables, mejorar el clima laboral y gestionar riesgos psicosociales, implementar protocolos de reincorporación para trabajadores con problemas de salud mental, “sensibilizar a las empresas sobre los costes directos e indirectos del absentismo” y fomentar la negociación colectiva para alinear incentivos laborales con la productividad.

Fuente: Javier Esteban-El Economista

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