La catedral de Dresde, conocida como la Hofkirche, fue construida entre 1739 y 1755 por orden del príncipe elector Federico Augusto II de Sajonia, hijo de Augusto el Fuerte; padre e hijo decidieron convertirse al catolicismo para poder acceder al trono de Polonia. Construir un edificio significativo en Dresde, la capital de Sajonia y un enclave estratégico del luteranismo, no podía hacerse esperar para consolidar la imagen y estatus de Federico Augusto II de Sajonia como monarca de un reino católico en un entorno protestante. De este modo, las obras concluyeron en 1755 con un presupuesto final mucho mayor que el previsto, ya que, entre otras cosas, la corte tuvo que pagar también un intérprete para el Gaetano Chiaveri (primer arquitecto de tan magnánimo edificio de estilo barroco) y sus jefes de obra, puesto que no hablaban ni una palabra de alemán y además se negaron a aprenderlo. Cuentan los historiadores que la construcción de esta catedral barroca costó el triple que la de la protestante Frauenkirche, terminada en 1743.
Durante la Segunda Guerra Mundial, la Hofkirche sufrió graves daños en los bombardeos que destruyeron gran parte de la ciudad. Como dato curioso, los escombros de la iglesia alcanzaron una altura de 14 metros y sus ruinas se alzaron como recuerdo de la horrible contienda. Las obras de reconstrucción fueron sufragadas casi por completo por los feligreses con la idea de ser un símbolo de conciliación entre el hombre y las distintas naciones. Actualmente, el templo conserva una urna con el corazón de Augusto el Fuerte, como símbolo del amor del monarca a Sajonia y a la fe católica, una fe que adoptó como estrategia política.
Desde su última remodelación, el templo ha estado afrontando pequeñas rehabilitaciones en las que priman no solo los valores estéticos sino también los de sostenibilidad y reutilización. El último ejemplo claro es el de la reforma de la casa parroquial, en 2022, que ha demostrado cómo se puede preservar el patrimonio arquitectónico sin renunciar a una actualización tecnológica total que incluye, además, la reutilización de antiguos mecanismos eléctricos de los años 90. El proyecto prioriza la durabilidad, el ahorro de recursos y la integración estética en un soberbio edificio de estilo renacentista.
En la actualidad, el inmueble alberga apartamentos para huéspedes, oficinas diocesanas y espacios multiusos para eventos culturales.
La renovación, que fue llevada a cabo por el estudio Alexander Poetzsch Architekturen, abordó deficiencias críticas, como unos sistemas anticuados de protección contra incendios e instalaciones sanitarias, al tiempo que ha incorporado tecnología energéticamente eficiente. El rediseño del acceso principal al edificio —con una fachada translúcida que dialoga con la piedra arenisca original— y la reconversión del patio interior en un espacio semipúblico destacan por su enfoque integrador. La capilla, ahora núcleo espiritual del complejo, y una biblioteca iluminada en un corredor antes sombrío ejemplifican la reestructuración funcional. Los trabajos, ejecutados en fases sin desalojar el inmueble, priorizaron la conservación de elementos y accesorios existentes, incluyendo los mecanismos eléctricos originales.
Mecanismos reciclados
Durante la renovación, los interruptores de aluminio de JUNG instalados en los años 1990 fueron desmontados, limpiados y reinstalados con nuevos componentes internos. Según fuentes del proyecto, la robustez de los mecanismos —fruto de la precisión en el diseño y los materiales— permitió su reutilización sin comprometer la funcionalidad. Esta decisión, tomada durante las obras por planificadores y contratistas, redujo costes y minimizó el impacto ambiental. La limpieza manual de las carcasas de aluminio eliminó décadas de desgaste, recuperando su brillo metálico original.

Para complementar los dispositivos existentes, se incorporaron soluciones de la serie LS 990 en aluminio dark, cuya estética se integra a la perfección con los mecanismos originales. Diseñada en 1968, la gama LS 990 mantiene su estructura característica con un marco estrecho y acabados metálicos y de color, ampliada con funciones actuales como sensores táctiles y opciones de personalización mediante la paleta de Les Couleurs® Le Corbusier desarrollada con la Fundación Le Corbusier. Su compatibilidad retroactiva con sistemas antiguos facilitó la integración técnica.

Junto a ellos, la serie LS CUBE es específica para instalaciones en superficie donde no es posible o conveniente abrir rozas. Con opciones de montaje en horizontal o vertical, esta gama se adapta a reformas técnicas complejas sin alterar las estructuras históricas o artísticas. Por su parte, la serie LS ZERO, con mecanismos empotrables de apenas 6 mm de profundidad, ofrece un perfil minimalista ideal para espacios que requieren discreción visual, como la biblioteca o la capilla.

Completan la renovación de la casa parroquial de la catedral de Dresde los interruptores de la serie LS 1912, que recuperan el diseño clásico de los tradicionales interruptores de palanca. Fabricados en latón pulido o acero cepillado, estos dispositivos evocan la estética industrial de principios del siglo XX, fusionando nostalgia técnica con materiales contemporáneos. Su instalación en áreas como el vestíbulo principal refuerza la conexión visual entre épocas.
La sinergia entre mecanismos reutilizados y nuevos subraya la filosofía de JUNG: productos duraderos, adaptables a múltiples ciclos de vida y capaces de armonizar con estéticas diversas. En un edificio histórico como la catedral de Dresde, esta aproximación no solo garantiza funcionalidad, sino que refuerza la coherencia visual entre épocas. Según datos técnicos de la empresa, los mecanismos instalados tienen una vida útil estimada de más de 50 años, superando los estándares industriales más exigentes.

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