Conoce la historia de los residuos nucleares de Vandellòs I, que está guardando Francia, tras el accidente más grave registrado en España

“Aquel olor era único. Nunca lo he vuelto a sentir. Era inconfundible”. Era el olor del peor incidente en una central nuclear de la historia de España. Braulio Conejo Gutiérrez recuerda en declaraciones a La Sexta ese fatídico 19 de octubre de 1989. Eran las 21.39 horas. La central de Vandellós I (Tarragona) y sus trabajadores tuvieron que hacer frente a un episodio crítico.

“Yo vivo a 6 kilómetros en línea recta de la central y desde mi balcón se veía el vapor de agua que lanzaba. Vi que se habían disparado las seguridades como otras veces había sucedido. Pero esta vez era algo diferente ya que tardaban mucho en pararse y se veía incluso una mezcla con un humo negro que no me gustó”, relata Braulio. “Me fui para la central, como muchos otros compañeros. Yo pertenecía al equipo de mantenimiento”, añade.

El 19 de octubre de 1989, la central nuclear Vandellòs I sufrió un accidente nuclear, considerado el suceso nuclear más grave que se ha producido en territorio del Estado español y en la Europa occidental. Un fallo mecánico en una turbina provocó un incendio que afectó al sistema de refrigeración del reactor y al ordenador de control. Gracias a la intervención de los técnicos y los bomberos, que consiguieron extinguir el incendio, parar el reactor y reactivar la refrigeración manualmente, se evitó la fusión del núcleo. La sombra de Chernóbil, tres años antes, planeó durante una larga noche de otoño en Tarragona.

Pero el incendio no fue el problema más grave. Con el incendio, una de las bombas principales de la central que servía para refrigerar el reactor siguió trabajando, “como debía hacer”, explica Braulio. “Pero la mancheta se quemó, nadie se dio cuenta porque estaba en la cota más baja y la bomba siguió funcionando metiendo agua para refrigerar el grupo. Cuando nos dimos cuenta se dio la voz de alarma de que había agua en la cava del reactor”, continúa.

“Nos tuvimos que meter en la piscina sin saber si estaba contaminada”, recuerda más de 35 años después. “Llevábamos unas botas que nos llegaban hasta las ingles, nos metimos para lubricar las bombas que se habían quedado sin aceite y grasa con el agua”. Rafael Cid, director técnico del CSN, coincide en el “comportamiento heroico” de los trabajadores. Los bomberos, que no conocían el espacio ni las zonas en las que debían trabajar, tampoco lo tuvieron nada fácil.

Como consecuencia del incidente se clausuró el reactor, que quedó gravemente dañado. Posteriormente, la central nuclear se cerró y se procedió a su desmantelamiento parcial. Después del cierre, se decidió enviar los residuos radiactivos a Francia para su almacenamiento temporal, dado que España no contaba con un almacén adecuado para gestionarlos.

Solución provisional con costes

Los elementos con radiación debían guardarse en un lugar seguro hasta que España tuviera este almacén temporal centralizado que los gestionara. Por ello, Francia fue el destino temporal de los residuos de Vandellòs I. El traslado de los residuos y del combustible gastado de Vandellòs I a Francia para su reprocesamiento, con el fin de reducir su radioactividad y permitir su almacenamiento posterior, tenía que ser una solución provisional mientras España desarrollaba sus propias instalaciones para almacenar los residuos radiactivos. Los planes iniciales preveían el retorno de estos residuos en el 2010, posteriormente en el 2015, en luego el 2017, pero estos plazos no se cumplieron. Los gastos por el reprocesado, el transporte, almacenado, los contenedores y el acondicionamiento de estos residuos en Francia han tenido un coste que supera los 800 millones de euros.

España empezó pagando 73.044 euros al día en 2017 y tras sucesivas subidas anuales la penalización escaló hasta los 85.195 euros diarios en 2023, según se recoge en una memoria anual de Enresa, que lleva desde el 1 de julio del 2017 pagando esta multa diaria a la compañía francesa Orano (antigua Areva) por incumplir los acuerdos y no retornar a España a tiempo estos residuos ahora almacenados en La Hague.

Se prevé que los residuos puedan ser repatriados en 2028. Por lo tanto, esta cifra escalará hasta los 350 millones cuando esté acabado el almacén temporal. En el momento en que España pueda repatriar los residuos, podrá recuperar gran parte de las penalizaciones abonadas, y la compañía francesa cobraría solo por la tarea de almacenado realizada durante estos años.

El proyecto para construir un Almacén Temporal (AT) en Vandellòs I ha avanzado significativamente con la Declaración de Impacto Ambiental (DIA), aprobada en abril de 2026. El almacén, que se ubicará en la zona noroeste de la central (actualmente en latencia), albergará cuatro contenedores TN-81 con residuos radiactivos vitrificados, según Enresa.

La construcción de este almacén temporal se enmarca dentro del 7.º Plan General de Residuos Radiactivos (PGRR), que descartó la opción de un único almacén temporal centralizado (ATC) en Villar de Cañas (Cuenca), en favor de siete almacenes individuales en diferentes ubicaciones. Los residuos que se repatríen desde Francia se quedarán temporalmente en el almacén que se construirá en Vandellòs I, cerca de medio siglo, hasta que en el 2073 entre en servicio el Almacén Geológico Profundo (AGP), el cementerio nuclear definitivo que todavía no tiene un emplazamiento concreto.

Fuente: Jordi Cabré-Agencias-20 Minutos/El Nacional.cat/La Sexta

Imagen: La Vanguardia

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