Un IVA hiperreducido para impulsar el autoconsumo energético

 “Tenemos una aspiración legítima. Y esa aspiración es situar a España como referente de la transición hacia un modelo plenamente descarbonizado”. Este fue uno de los mensajes que dejó el presidente del Gobierno en su discurso inaugural de la Conferencia Internacional de Energías Renovables (Spirec) que se celebró recientemente en Madrid y que reunió a los principales líderes y think thanks en materia de energías renovables.

Tal y como se apuntó, España ocupa la segunda posición de Europa y la octava del mundo en potencia instalada. Si hay algo que tiene nuestro país es sol, por lo que, con estos datos, es más que obligado que uno de los ejes principales sobre los que pivote la presidencia española del Consejo de la Unión Europea sea la transición energética y la apuesta decidida por la implantación del autoconsumo en hogares y negocios.

La Agencia Internacional de la Energía (IEA, en sus siglas en inglés) puntualiza que el desafío climático que tenemos por delante es principalmente un reto energético. Es evidente que la población está concienciada sobre ello. Un reciente barómetro del CIS señala que ocho de cada diez españoles están preocupados por el cambio climático.

Sin embargo, su expansión no ha sido suficiente para calmar la crisis energética que llevamos viviendo desde hace un año. Facturas de la luz desorbitadas, cientos de casos de pobreza energética o una obsesión por los horarios de luz más económica han provocado –y continúan haciéndolo– muchos dolores de cabeza a millones de españoles.

Si sabemos de la multitud de beneficios que nos aportan las energías renovables y las soluciones de autoconsumo para hogares y negocios, ¿por qué no se ha generalizado aún su uso?

En muchas comunidades autónomas como es el caso de Andalucía o de la Comunidad Valenciana, por ejemplo, se aplican subvenciones para la instalación de placas solares. Sin embargo, abusar de estos modelos de ayudas acaba resultando un desincentivo al consumo. La incertidumbre que le generan al ciudadano es enorme. Muchos terminan por no contratarlas porque desconocen cuándo obtendrán la ayuda. La preocupación aumenta especialmente si estas no llegan en el momento de afrontar el importe de la instalación. Además, el hecho de apostar por un modelo de subvenciones no hace más que incrementar la labor administrativa sobrecargando a un sector público ya saturado que pierde eficiencia. Ya empiezan a verse la creación de nuevos puestos en la Administración para la tramitación de estas ayudas, creando costes innecesarios.

Por otro lado, no nos engañemos: la complejidad burocrática favorece la aparición de agentes intermediarios que acaban llevándose una buena parte de las ayudas. Por llevarlo a la realidad diaria, en el caso de Andalucía se ofrece un 40% de reducción en el precio de la instalación. Pero, tras los trámites, impuestos y recargos, el resultado apenas asciende a un 10% de ahorro final para el ciudadano medio. El resto se queda por el camino.

A lo largo de esta crisis energética, la medida más demandada por la población ha sido la reducción del IVA. La propia factura de la luz está incluida en esta medida hasta finales de 2023. Pero, una vez llegue el final de este año, será obligado preguntarnos qué hemos hecho por la implementación de las energías renovables y el autoconsumo –la verdadera solución que nos evitará depender de los vaivenes de los combustibles fósiles–. Y la respuesta, si todo sigue igual, será que aún queda mucho por hacer.

Si hay algo de lo que ya vamos escasos en esta transición energética es de tiempo. Y los modelos fiscales actualmente implantados no hacen más que enfatizar este problema cuando cuatro de cada diez euros de los fondos europeos van dedicados a la transición energética de la economía.

Pero hay medidas que, si se implementasen mañana mismo, permitirían percibir un beneficio fiscal para familias, negocios e instituciones. Un buen ejemplo es la reducción del IVA en la instalación de placas solares.

Se trata de una política fiscal directa, sencilla y clara que impulsaría el despliegue de renovables y reduciría enormemente el tiempo necesario para comenzar a producir energía. Por otro lado, se ayudaría a canalizar las ayudas al sector, se eliminaría la incertidumbre, el tiempo de espera y se aumentaría, en definitiva, su contratación, que es el objetivo al que aspiramos si queremos que el autoconsumo se expanda en nuestro país y dejemos de depender de los combustibles fósiles.

Hay países de nuestro entorno que ya lo hacen. Una buena opción sería establecer un IVA del 0%, como ya ha hecho Reino Unido o Alemania, o bien reducido del 10%, como también han aplicado otros. No se trata de una idea utópica, la propia Comisión Europea ya abrió en 2021 la posibilidad de un IVA reducido del 5% con la intención de incrementar el uso del autoconsumo en el marco de sus objetivos del Pacto Verde europeo. Dentro del sector, aún colea lo vivido en la cumbre del clima en Egipto el pasado noviembre de 2022. La propia Unión Europea estuvo a punto de abandonarla bajo la frase de Frank Timmermans, vicepresidente de la Comisión Europea, de que “prefería no tener un acuerdo a un mal acuerdo”. A mí se me quedó más grabada la siguiente: “El mundo nos está viendo. Y justamente por eso no nos perdonará jamás si les fallamos, otra vez, en prevenir lo peor”.

Iñigo Amoribieta, CEO de Otovo España

Fuente: Cinco Días

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