Crisis energética: ¿qué reformas aumentan la eficiencia energética de un edificio?

Los altos precios de la electricidad y el gas afectan a un parque inmobiliario que está muy lejos de lograr la eficiencia perseguida por Europa.

La ya imperiosa necesidad que tiene el parque de edificios español de renovarse para mejorar su eficiencia se ha acrecentado todavía más con la crisis energética que comenzó cuando se disparó el precio de la luz y se agravó con la subida actual de los carburantes. Afecta tanto a viviendas y locales privados como a los edificios de la Administración, que rara vez consiguen llegar no ya a las mejores calificaciones posibles, sino al aprobado raspado.

El Estado, de hecho, va a dedicar 435 millones de euros para aumentar la eficiencia de su parque, que solo tiene una calificación de A o de B en el 10% de los casos. El sobresaliente, la A que desde las instituciones europeas piden que se fomente, corresponde tan solo al 1,9% del total.

Lámparas bajo consumo

El problema es que, según advierten los expertos, prácticamente nada de lo construido antes de 2010 cumple la normativa. Es decir, de los cerca de 27 millones de edificios que hay en España, solo los levantados en los últimos 12 años son eficientes. En los que no, el punto de partida puede estar muy lejos esa excelencia alfabética: no se parte de una B o una C, sino que en muchos casos es la E o la F.

Además una única reforma puede no servir para subir de letra, aunque algo mejorará la eficiencia. Además, en algunos casos, como cambiar las ventanas, tiene ventajas adicionales, como aislar también los ruidos del exterior. Sin embargo, esto puede hacer que no sea posible recibir ayudas para las obras, ya que si no se aumenta la eficiencia de forma patente -es decir, se pasa de una letra a otra-, pueden quedar fuera de las subvenciones.

Aislamiento acústico

Por ejemplo, Cataluña acaba de abrir el plazo de solicitud de ayudas a la rehabilitación de edificios en el marco del programa PREE 5000 (algo más de 5,5 millones de euros), pero las actuaciones subvencionables deberán conseguir una reducción del consumo de energía primaria no renovable del 30% respecto a la situación de partida, que deberá justificarse con el certificado de eficiencia energética anterior y posterior a la rehabilitación del edificio, según informa la Asociación Española de Fabricantes de Fachadas Ligeras y Ventanas (ASEFAVE). Si no se llega a ese 30%, no hay ayuda.

Doble ventana

En cualquier caso, las reformas pueden ser de varios tipos, aunque hay tres ámbitos fundamentales: proteger las fachadas, mejorar el consumo interior de los edificios y modernizar sus elementos.

Climatización eficiente

El primero de estos pilares es el que suele requerir más reforma como tal, pues lo que hace es detener la transferencia de energía con el exterior, que supone que el calor salga en invierno y entre en verano. Puertas, ventanas, tejados y la propia fachada y las entrañas del edificio son los elementos que recibirán las reformas.

Placas solares

En el segundo caso ya entrarían los dispositivos que permitan ahorrar energía o consumir una de origen verde. Los paneles solares o fotovoltaicos (unos calientan el agua, mientras que otros generan energía) son los más comunes, sin olvidar también la aerotermia y la geotermia, que aprovechan, respectivamente la diferencia de temperaturas entre el interior y el exterior del edificio y el propio calor de la tierra para climatizar los edificios. La segunda técnica es más difícil de implantar en una vivienda ya existente.

Uso racional del agua

Por último, aparecen los cambios de elementos puntuales, como son los grifos eficientes, que, como su propio nombre indica, hacen que se desperdicie menos agua. Esto no sólo evita el derroche del líquido, sino también de la energía que se utiliza para calentarlo. Las bombillas también pueden suponer un cambio importante, aunque hay que tener en cuenta el uso que se va a hacer de ellas.

Suelo radiante

Además, en este apartado entraría también el cambio en la calefacción. Los radiadores tradicionales concentran el calor en un único punto, por lo que es mucho más complicado que calienten una casa que el suelo radiado, que distribuye mejor la calefacción. Del mismo modo, en viviendas más pequeñas puede resultar más eficiente una bomba de calor que, aunque consume más, calienta antes la estancia.

Fuente: El Mundo.

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